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K’inich Baak Nal Chaak
(Resplandeciente Señor de la Lluvia y el Inframundo) (652 -707 d.C.)
Toniná (Popo), Chiapas
Juan Yadeun Angulo
K’inich Baak Nal Chaak, señor del reino de Popo, ascendió al poder en medio de las guerras contra los señores de las grandes aguas, y en una campaña de 20 años consiguió la captura de una cantidad notable de altos mandos militares de reinos aliados a Palenque.
Foto: Jorge Pérez de Lara / Raíces
K’inich Baak Nal Chaak es el jugador de pelota que está a la izquierda. Está representado en el año 727 d.C., 20 años después de su muerte; juega por el lado del inframundo, cuando era ya un ancestro divino, y su opositor es el gobernante Ich’Aak Chapat, quien aparece con el tocado de uno de los gemelos divinos, aquel que venció a los dioses descarnados de los sacrificios. Monumento 172. Toniná, Chiapas. MNA
En 687 d.C. se inicia una revolución en el antiguo reino maya de Popo, el antiguo nombre de Toniná. Este cambio en la estructura de poder recorría todo el México antiguo en medio de sangre y fuego provocados por las guerras entre organizaciones dinásticas y las corporativas. El poder se fragmenta y se expande y el viejo mundo del Clásico se perderá para siempre.
Los trajes divinos
Los divinos señores solares de los antiguos reinos mayas eran los dueños de las tormentas y de los relámpagos, el resplandor mismo creador de los fuegos y las aguas que prenden y renuevan el cielo y la tierra.
Los trajes de estos señores representaban su concepción del orden universal, eran la representación misma del discurso de conocimiento del poder; el poder, ese espejo humeante que refleja el orden del universo en torno a su dueño.
Siguiendo con la metáfora de los trajes del poder, éstos no son los mismos todo el tiempo; por el contrario, se transforman constantemente ya que el principio fundamental del poder es que se mueve, camina, se transforma sin pausa, adquiriendo los disfraces más dramáticos en cada ocasión para presidir el espectáculo de la sangre.
La dualidad del poder
Este movimiento de apariencia infinito tiene también límites que empiezan por su carácter binario, pues de entrada el poder es una estructura entrelazada de contradicciones entre sus partes, que se expresan en juegos estratégicos entre los eternos contendientes: dominantes y dominados, mayorías y minorías, que en ocasiones se invierten o se enfrentan.
La expansión y la contracción del poder son sus latidos existenciales, están siempre presentes; este fenómeno se produce una y otra vez en su interior, en su exterior y en todas las dimensiones del espacio y el tiempo.
En las ruinas de Toniná, en las montañas del actual estado de Chiapas, se encuentran los restos arqueológicos del antiguo reino maya de Popo, que es un ejemplo maravilloso de esos caminos del ejercicio del poder y sus efectos extremos: crear tesoros monumentales y destruirlos.
Esta pulsión en el tiempo se observa en el libro arqueológico que es Popo. Primero existe una clara tendencia hacia la contracción cerrada del poder (500-687 d.C.), y después una expansión que duplica y abre el esquema del poder (688-840 d.C.).
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Y’ikin Chan K’awil (K’awil que
Oscurece el Cielo) (?-766 d.C.)
Tikal, Guatemala
Juan Antonio Valdés
Dibujo: Magda Juárez / Raíces
En el entierro 196 del Templo 73 de Tikal, Guatemala, se localizó
este vaso de mosaico de jade. En la tapa tiene un elemento que quizá sea el retrato de Y’ikin Chan K’awil vestido como dios del maíz.
Tikal fue una ciudad de gran tradición ante los ojos de propios y extraños, que gozaba de elevado prestigio por la alcurnia de sus antiguos linajes, lo que provocó la envidia de otros reinos vecinos, aunque pocas veces fue vencida en batalla. Bajo la conducción de los soberanos Hasaw Chan K’awil y su hijo Y’ikin Chan K’awil vivió siglos de esplendor durante el Clásico Tardío.
Nocabe duda que durante el Clásico Tardío Tikal se convirtió en una metrópoli, incrementó desmesuradamente su población hasta 120 000 habitantes, alcanzó su mayor poderío político, tuvo grandes victorias guerreras y logró un elevado desarrollo en las artes y la arquitectura.
Esto se manifestó en la ampliación de la ciudad, la construcción de nuevos conjuntos residenciales conectados por hermosas calzadas, depósitos de agua, elaborados palacios de dos y tres pisos, y lo más característico, los masivos templos cuyas elevadas cresterías estaban profusamente decoradas con imágenes esculpidas de gobernantes.
Un tipo especial de conjunto arquitectónico fue instituido durante este periodo, aparentemente relacionado con la conmemoración de fines de k’atun (ciclos de 20 años). Se trata de los llamados complejos de pirámides gemelas, marcadamente característicos de Tikal y construidos entre 633 y 790 d.C.
Aunque la edificación de templos monumentales había comenzado desde el Clásico Temprano en la Acrópolis del Norte, no fue sino hasta la llegada al trono de Nuun Ujol Chaac, abuelo de Yik’in, cuando se formalizó esta costumbre, pues él ordenó construir el Templo V.
Tras la ascensión de su padre, Hasaw Chan K’awil, la plaza principal fue modificada y, al erigirse los templos I y II como marcadores monumentales, se asoció al poder político. Con la llegada al poder del mismo Yik’in Chan K’awil, se construyeron los templo IV y VI; el primero es el mayor de todos los edificios de su clase, tenía 65 m de alto y estaba decorado con bellos dinteles esculpidos en madera en su interior, en los que se hace referencia a pasajes de la vida del gobernante en turno. Después de su muerte, sus herederos levantaron el Templo III.
Linaje y parentesco de Yik’in Chan K’awil
Este monarca se preocupó por que quedara claro en el registro escrito de la ciudad que era heredero por linaje sanguíneo y que se trataba del vigesimoséptimo gobernante en la secuencia dinástica de los reyes de Tikal. Fue hijo del famoso estadista Hasaw Chan K’awil I, rey de Tikal, y de la señora Lachan Une’ Mo’, princesa de Topoxté. Aunque
no se ha identificado su fecha de nacimiento, se sabe que ascendió al trono al fallecer su padre, ostentando el título de chacté de Tikal, hecho sucedido el 8 de diciembre de 734 d.C. Su ascensión fue registrada en dos lugares: la Estela 21 y la Estela 5.
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Pájaro Jaguar IV,
el Grande (709-768 d.C.)
Yaxchilán, Chiapas
Roberto García Moll
La explicación del papel que Pájaro Jaguar IV, sus antecesores y sucesores tuvieron como gobernantes deberá estar unida a la arqueología, pues sólo así se obtendrá una visión real de las diferentes entidades políticas y sus interrelaciones con Yaxchilán, una compleja ciudad y una entidad política, económica y social que dominaba un vasto territorio y mantenía relaciones con otras unidades igualmente complejas.
Foto: Tomada de Maler, 1903
La Estela 11 de Yaxchilán está grabada en ambas caras (fragmento). izquierda) En el anverso se ve a Pájaro Jaguar IV, quien lleva máscara del dios solar y está de pie frente a varios prisioneros. derecha) En el reverso se ve a Pájaro Jaguar IV, quien recibe el poder de Escudo Jaguar I.
En Yaxchilán, antiguo asentamiento maya del periodo Clásico (250-900 d.C.) en el actual estado de Chiapas, confluyen dos discursos: el arqueológico y el epigráfico, es decir, el basado en las inscripciones labradas en estelas, dinteles, escaleras y altares. Por su naturaleza ambos debieran ser complementarios, pero en ocasiones se ha privilegiado a uno sobre el otro sin observar que tienen esencias y alcances distintos.
La arqueología se sustenta en evidencias recuperadas a partir de un proceso de exploración, documentación y análisis de los materiales cerámicos, líticos y arquitectónicos, principalmente, de los restos óseos que estudia el antropólogo físico y de la interrelación de todos ellos. Es un proceso que requiere el concurso de un número importante de otros especialistas, que el arqueólogo hace confluir para obtener una mejor y más amplia interpretación final de la información.
Por su parte, la epigrafía intenta, hasta el día de hoy, dar una versión de los textos que figuran en algunos de los objetos recuperados durante el proceso arqueológico y principalmente en los monumentos. En el caso de la cultura maya, también intenta interpretar los que parecen ser, más allá de toda duda razonable, números y otros signos asociados con fechas calendáricas de las llamadas cuenta larga y cuenta corta.
Algunos de los relatos epigráficos son de carácter religioso, mas predominan los históricos, caracterizados por la presencia de glifos asociados a personajes y sus hechos: nacimiento, muerte, ascensión al trono, guerra, conquista, matrimonio y otros. Tal interpretación se basa en el análisis que Tatiana Proskouriakoff hizo en Piedras Negras (1960), sitio ubicado también a la orilla del Usumacinta, y poco tiempo después de las inscripciones de Yaxchilán (García Moll y Juárez Cossío, 1986). Antecedieron a esa explicación la del glifo emblema propuesta por Henrich Berlin en 1958 y posteriormente, en 1976, la de Joyce Marcus, que asoció dichos glifos con territorios específicos y dio origen al concepto de las ciudades-Estado que en 1997 Peter Mathews llamaría entidades políticas (García Moll, 2003, p. 333).
La asignación de valores lingüísticos a los diferentes componentes de los glifos propone una nueva apreciación de la lectura epigráfica. Es un campo relativamente reciente en el que se encuentran empeñados muchos especialistas.
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Los caciques yucatecos en el siglo XVI
Sergio Quezada
Como sobrevivientes de la conquista y los cambios turbulentos de los primeros años coloniales, durante la segunda mitad del siglo XVI los caciques yucatecos experimentaron de manera significativa la acometida española por minar su autoridad y prestigio, y durante el último tercio del siglo de la conquista padecieron los efectos de la crisis demográfica.
Foto: BNAH
Durante la segunda mitad del siglo XVI los caciques de Yucatán experimentaron una acometida española dirigida a quebrantar su autoridad y prestigio, que estaban sustentadas en las funciones rituales que llevaban a cabo. Algunos documentos en que se registran los cantos que los caciques dirigían a sus deidades dan constancia de esto. Libro de los cantares de Dzitbalché, f. 1. Escrito hacia 1740 por Ah Balam, “bisnieto de un gran Ah Kulel”.
Los bataboob, caciques o señores eran parte integrante de la nobleza maya. Estaban organizados en linajes y como grupos emparentados monopolizaron y ejercieron el poder, y controlaron el acceso a él. No se sabe a ciencia cierta cuándo irrumpieron en el panorama político maya, pero su proximidad con los miles de jefes familiares, que con sus parentelas habitaban en grupos dispersos por los montes de la península de Yucatán, les permitió desde mediados del siglo XIII construir una imbricada madeja de vínculos personales –sangre, protección y reconocimiento– que los aglutinó en torno suyo, y así adquirieron autoridad y prestigio para articular la vida política, económica, administrativa y judicial de sus vasallos. Así pues, sus señoríos, como cuerpos políticos, a partir de la segunda mitad del siglo XIV se convirtieron en las unidades políticas fundamentales de la organización política maya que encontraron los españoles cuando conquistaron Yucatán.
Como aconteció en otras regiones de Mesoamérica, los españoles, para efectos prácticos, designaron a los caciques gobernadores de sus pueblos y, al mismo tiempo, les otorgaron un conjunto de privilegios. Así, desde los inicios de la segunda mitad del siglo XVI, la palabra “don” comenzó a aparecer antepuesta a sus nombres cristianos; se les concedieron permisos para tener y montar caballos; comenzaron a utilizar capas de paño, zaragüelles, medias, botas y sombreros de fieltro, además de construir sus casas de cal y canto. A principios de la década de 1580, el uso de estos símbolos se encontraba más o menos generalizado entre la elite indígena y algunos de sus miembros hablaban el español.
La acometida española contra los caciques indígenas
Como sobrevivientes de la conquista y los cambios turbulentos de los primeros años coloniales, durante la segunda mitad del siglo XVI los caciques experimentaron de manera significativa la acometida española por minar su autoridad y prestigio, y durante el último tercio del siglo de la conquista padecieron los efectos de la crisis demográfica.
Don Tomás López Medel, oidor de la Audiencia de Guatemala, quien visitó Yucatán de 1552 a 1554, inició la ofensiva en contra de los señores. Su larga estancia le permitió comprender que un sustento de la autoridad y prestigio de los señores entre la población eran sus funciones rituales, pues estableció medidas que tuvieron como fin suprimirlas, aunque es importante destacar que no tuvo la misma actitud en cuanto a las facultades políticas, ya que por esos años los españoles aún no podían prescindir de los caciques para administrar y organizar a la sociedad maya.
Todo parece indicar que después de la visita de López Medel la ofensiva española se detuvo, en tanto las autoridades gubernamentales que le sucedieron no se distinguieron por crear una estructura administrativa que reafirmara la autoridad de la corona en el panorama de los pueblos, en tanto que los franciscanos dedicaban sus esfuerzos a la magna empresa de congregar a la población y formar casi dos centenares de pueblos.
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